A la mañana siguiente Herin se despertó sudada y llena de pequeños heridas, había soñado con algo que no recordaba pero sí que le daba mucho miedo y no conseguía recordar el qué. Se puso las botas que había dejado en el porche y corrió hacía la cocina en donde pudo ver dos bocadillos servidos en los platos, y una nota en el cuenco de la inexistente fruta. Llamó a su prima que vino a la cocina como si la hubieran atropellado, se notaba que había dormido mal esa noche. Herin le ofreció el bocadillo que se lo comió sin ganas, pero Emden vio como su prima devoraba el trozo de pan con un poco de mantequilla que había en el centro. Emden cogió la nota y la leyó, de repente se atragantó y su piel pasó a ser morada, como las vallas, no tenía respiración y Herin se dio cuenta de ello, por lo que le ayudó haciéndole una práctica como le habían enseñado en la escuela. Aunque no lo hacía muy bien, siempre apretaba en el centro del pecho, pero daba también golpes a los importantes puntos vitales del cuerpo, situados en específicas zonas. Herin miró la nota de su tía y sintió que ella también se ahogaba.
-¡Menuda tacaña es tú madre! ¡Mira qué hacer la compra con nuestra paga! ¡Ni siquiera llega a los cien chevelines, ni juntos! ¡No hay derecho! ¿No tendrán dinero ellos?
-Herin vamos al mercado y no le demos más vueltas.
-Claro, como tú solo tienes treinta chevelines…-dijo la otra por lo bajo.
-¡Eh! ¿Qué estas insinuando?
-¿Yo? Nada, solo digo que tú tienes menos dinero que yo…
-¿Y qué tiene que ver eso?
-Nada.
-Además solo tengo treinta porque la semana pasada te invité a unos cuantos helados y caramelos en la tienda de Magree.-Herin calló y cerró los ojos para visualizar la situación.
-Solo me diste cinco de los cien que compraste, y en cuantos a helado solo me diste dar una chupada, y al de pistachos, que es el que más odio. Tú eres igual que tú madre, una tacaña. Las dos os parecéis.
-Tonterías tuyas…-de pronto paró de hablar y tosió fuertemente escupiendo sangre por la boca, Emden se poso una mano en el centro del pecho y respiró hondo.-Otra vez le has dado al punto de Ginebra.
-Por lo menos te he salvado de que te ahogarás.
-Herin si no sabes hacer bien una toma de auxilio, no la hagas. A mí solo me has dado en el punto de Ginebra, pero recuerda que a su lado esta el de Giselle, y sí me das ahí me matas.
-Lo siento, oye yo… voy a terminar de vestirme, ¿porqué no sacas agua del pozo mientras?-le comentó Herin mientras corría dispuesta a subir las escaleras.
-Vale, tráeme mi bolsa roja-oyó Herin desde la parte más alta de las escaleras. Se dirigió hacía su habitación y abrió su armario, en donde la ropa de su prima y la suya estaban adornando la parte inferior de él, en las perchas solo se hallaban colgadas algunas prendas de vestir que Herin y Emden habían dejado con el tiempo de ponerse. Cogió una falda negra de tela que solo le llegaba hasta las rodillas, en cuanto a lo que se iba a poner en la parte superior, buscó en el armario, pero en el fondo de este solo halló una camiseta de color blanco que se había puesto para la boda de su tío con Melanie. Se la abrochó y vio que le estaba un poco grande, se dejó los fardones por encima de la falda y el cuello de la camisa se lo arregló. Entre tanto Emden ya había sacado dos cubos de agua y los había guardado en la despensa que había junto a la granja, en donde se hallaban las reservas de comida para un mes solamente. Estaba sentada en la cocina terminándose de arreglar y vendarse la pierna derecha por una herida que se había hecho jugando en la escuela, cuando vio a Herin sentarse junto a ella con las ropas que llevaba, vio como de su mano llevaba colgado el bolso que le había pedido, lo cogió y buscó en su interior una bolsa marrón cerrada con una pequeña cuerda.
-¿Qué es eso?-preguntó Herin siguiendo con la vista el balancear de la bolsa.
-Son mis cincuenta chevelines. ¿Y los tuyos?-Herin movió la cabeza en señal de desesperación por su prima y le enseñó otra bolsa idéntica que llevaba la misma cantidad de dinero que la otra.
-¿Es qué no te piensas cambiar?-preguntó Herin cogiéndole el vestido rosa de la noche anterior.
-¿Para qué? Sí está limpio.-su prima hizo el mismo gesto que antes y se dirigió hacía la puerta trasera que daba acceso a la granja, vio como todo estaba desierto, que esos gorgoritos que hacían las aves habían desaparecido dejando un silencio hasta aterrador. Vio a su prima cerrar la puerta con llave y seguir el sendero por el que todas las mañanas se dirigían hacía la escuela, Herin la siguió, pero dejando un margen de distancia, se sentía débil. De pronto una sensación de agonía se apoderó de ella cuando una mariposa se posó sobre su nariz, sabía que solo hacía falta un simple aleteo de aquella mariposa para que sus ojos desbordaran el mar, pero la mariposa no aleteó, ni siquiera movió una de sus pequeñas patas, solo giró la cabeza y fue entonces cuando Herin vio los ojos muertos de la mariposa, estaban muertos, era de un color grisáceo aguado, ese que se les ve a los ciegos cuando fijan su mirada, sin saberlo, al sol. Herin acercó un dedo de su mano a la mariposa, y está como si no supiera volar se traspasó despacio a su dedo, apoyándose en las pequeñas curvas del dedo índice de Herin. Esta observó más detenidamente y observó que no se trataba de ninguna especie conocida, pues tenía el borde de las alas pintadas de un negro brillante y en las alas más grandes se podía observar dos círculos rojos, que parecían estar bailando. En sus alas inferiores no había nada, solo un blanco apagado, como el que pintaba al de las alas superiores. Herin posó a la mariposa en un mechón de su cabello y esperó a que está se agarrara bien fuerte para seguir corriendo hasta su prima, que se había parado en unos arbustos para recoger algunas flores. Herin aprovechando el descuido de está empezó a correr hacía la plaza central, oyó los gritos de su prima llamándola desde los arbustos y de repente escuchó un leve chapoteó de agua. Eran unos niños que estaban bañándose en la fuente, no había muchos recursos, pero sí agua para poder alegrar tanto a niños como a mayores. Por que Herin vio a los ancianos del centro Perpendicular, que es un centro donde se reúnen los ancianos para pasar ahí sus últimos días de vida, como jugar a un juego llamado el roc, parecido a la petanca y cambiar opiniones; en un estrecho de la fuente tirarse agua entre ellos. Herin se hincó de rodillas y sintió como el suelo le raspaba las rodillas, pues como estaba acostumbrada a llevar pantalones no se acordó de la falda. Metió la mano en el agua, que en ese momento estaba agitada y no pudo verse reflejada en ella, esperó hasta que su imagen se dibujó en el inestable panel junto al retrato en movimiento de su prima. Emden la levantó y la dirigió hacía el puesto de pescado más próximo que había, en él se podía completar como varías camillas estaban llenas de peces de varios días expuestos al sol, Herin se fijó más detenidamente en un atún de cola amarilla, miró a su ojo lleno de sangre y de pronto un pequeño movimiento de este le hizo retroceder varios pasos. Vio a un gusano brotar del ojo como si fuera una serpiente, ese gusano había encontrado un hogar en donde poner sus huevos. Ante esta idea Herin reaccionó rápidamente y se llevó a su prima a otro puesto de cebolletas en donde le explicó lo que había visto. Emden imitó el gesto de su prima agitando la cabeza y volviendo su atención al puesto de cebolletas, Herin, ante el rechazo de la otra fue hacía un puesto de manzanas, en donde lo único que vio fueron manzanas pútridas, como si estuvieran rellenas de caramelo.
-¿No tiene manzanas más saludables que estás?-preguntó Herin viendo como su prima había comprado las cebollas y se dirigía hacía ella exponiendo su vestido impecable a toda la ciudad.
-Claro, ¿cuántas quieres?-preguntó el hombre encargado de la tienda sentando en un taburete al final del puesto, para que el sol del mediodía no entrará en él.
-¿Cuántas queremos?-preguntó Herin observando las manzanas de caramelo podrido.
-De las buenas cinco-Herin miró al encargado para pedirle el precio.
-Son cinco chevelines-les entregó una bolsa con el pedido y recibió el dinero pedido.-No, son cinco por cada manzana.
-¿Por cada manzana?-se asombró Herin calculando el dinero que se tendría que gastar.
-Veinticinco-le respondió Emden dejando caer los veinte restantes a la mano del hombre.- ¿Porqué son tan caras?
-Ya sabéis, la falta de recursos.
Herin vio como su prima seguía la conversación con el encargado, era evidente que no tenía nada que hacer, el negocio iba de capa caída y no era el único, se alejó para seguir paseando por la plaza central cuando un papel azotado por el viento se posó en su cara, dejándola por unos momentos ciega, intentó quitarse el trozo de papel, pero le fue casi imposible, como se había mojado la mano el papel se le pegaba. Aún así consiguió quitárselo y leerlo, pues ya que había ido a parar a su cara y le había dado tantos problemas, qué menos que saber lo que era. Sus ojos leyeron a la velocidad de la luz lo que aquel papel informaba y rápidamente se dirigió hacía su prima para darle la tan inesperada noticia.
-Disculpe señor-se excusó para poder llevarse a Emden a una zona más retirada.-Mira esto.-La otra cogió el papel y lo leyó, pero en ella no hizo el mismo efecto que en Herin.
-¿Vicens busca jóvenes para ir a buscar la solución de nuestra ciudad?-preguntó mirando a los especiales ojos de su prima y viendo en su rostro una sonrisa.-Y tú quieres ir, ¿verdad?
-Pues claro, es mi oportunidad para poder aprender el Taha dora.
-¿Tendrás que pedir permiso a tu padre?
-¡Oye! Mi destino lo elijó yo, no mi padre. Además, ¿no he pasado yo ya la lozanía?
-Hace menos de un día, ¿y ya por eso te crees que puedes hacer lo que se te antoje?
-¡Ey! Yo no he dicho eso.
-¿Cómo qué no? Herin, vas a meterte en problemas.
-Y tú conmigo.
-No.
-Mira, piensa que sí vas con Vicens y conmigo tendrás oportunidad de recorrer pueblos y poder buscar algo mejor que ese idiota de Geppeto.
-¿Quién dice que Vicens te vaya a elegir a ti? ¿No crees que habrá más gente que se presente a esto, no ves que hay papeles volando por la ciudad?
-Mira dice que es en el ayuntamiento todo el día de hoy-le indicó Herin poniendo un dedo sobre el papel.
-No.
-Pues tú no, pero yo si voy.-y diciendo esto Herin salió corriendo perseguida por Emden, que por desgracia iba cargada con la compra y tubo que hacer malabares para que los alimentos no se cayeran en el suelo. Vio a Herin saltar la rampa de la granja de vacas de Jericó, que tenía un carácter muy fuerte y siempre le molestaba que los niños se pararán por los alrededores de su granja para tirar piedras a las vacas, aún así Emden saltó la valla y esquivando a las vacas consiguió llegar al otro extremo en donde vio a Herin descansar de su carrera. Las dos escucharon un disparo y una nube de humo salió de la vieja escopeta de Jericó, las dos muchachas se miraron y salieron corriendo hacía el edificio del ayuntamiento que se encontraba a la vuelta de la esquina, las dos empujaron la puerta de esté y la abrieron con un portazo propinando unos gritos del alcalde. En la sala central no había nadie, pues era normal, en el ayuntamiento solo trabajaban cinco personas, contando con el alcalde. Las dos ya sabían a donde dirigirse, pero de todos modos, Herin prefirió seguir corriendo hacía el despacho del alcalde por la persecutora que llevaba detrás. Subió las escaleras de marfil adornada con una alfombra de terciopelo rojo y dobló la esquina para darse de bruces con la secretaria del alcalde, Sally, que calló al suelo. Herin se levantó rápidamente y sin obedecer las ordenes de la secretaria entró en el despacho de Straford en el que había como media docena de jóvenes esperando a alguien, y por la expresión de sus caras no la esperaban a ella, Herin reconoció que se trataba de personas que habían ido con ella a la escuela, casi todos estaban en el equipo de fútbol de Blas Marine, a excepción de una chica, que estaba sentada en uno de los sitios más lejanos de la escuela, parecía que era una chica pulcra, Herin iba a preguntarle su nombre cuando sintió el peso de su prima caer en su espalda y retenerla por las muñecas y los tobillos. Intentó darse la vuelta pero Emden era demasiado fuerte, sintió como su prima le ataba sus extremidades con unas cuerdas poderosas.
-Pero, ¿qué es lo que pasa aquí?-se oyeron los tradicionales gritos de Straford que acompañado de otro hombre entró en la sala. Echó un vistazo rápido a la sala y vio los aspirantes que habían decidido presentarse a las pruebas, cuando se fijó en un cuerpo casi debajo de él atado con unas cuerdas, y a su lado, a Emden fatigada por la corrida que había echado.
-¿Tú eres una de las que se presentan?-preguntó Vicens, que era él hombre que acompañaba a Straford, a Emden.
-No, es ella-le contestó señalando a su prima con la cabeza. Vicens observó más detenidamente y enseguida se fijó en esos ojos carmesíes que la caracterizaban.
-¿Así que tú eres la hija de Bornes?
Vicens regresó a su casa oculta entre el follaje del bosque perseguido por Sally, la joven iba con desventaja con respecto a Taylor, la muchacha nunca había estado en aquel bosque y se asombraba de la variedad de árboles y plantas que se había perdido por no ir a jugar con sus amigos al bosque. Sin embargo, no estaba ahí para jugar, Vicens ya había elegido quien iría con él, pero todavía faltaba una persona y Sally tenía que tomar nota de ello. Pues cuando los viajeros venían a descansar a la ciudad tenían que informar de su presencia y cuando se iban tenía que notificarlo, igual pasaba a los habitantes de Blas Marine. Llegaron a una pequeña cabaña rodeada de un círculo de árboles que carecía de follaje y tenía las ramas medio roídas.
-¿Porqué está zona del bosque está muerta?-preguntó Sally saltando una pequeña raíz que sobresalía del suelo.
-Por la lluvia ácida causada por las fábricas de Madame Gachí-Sally se paró en seco y visualizó una de aquellas fábricas que había visto de niña, era una enorme casa con dos o tres chimeneas en el tejado, de donde salía un humo rosa causado por lo que había en su interior. Madame Gachí fabricaba a lo largo de un año una media de diez mil pócimas, de las cuales solo unas cien iban destinadas a Blas Marine. Normalmente las pócimas eran pequeños tarros de cristal que no sobrepasaban el largo de un dedo adulto, y algunas servían para hacer crecer la tierra, otras para la escasez de agua en algunos pueblos, otras simplemente para crear algunos fuegos. Straford había iniciado un programa para el crecimiento del suelo en el que se redactaba la compra de estas pócimas, pero su precio en el mercado era carísimo y pronto Blas Marine entró en una gran crisis económica. Sally dejó de recordar aquella época y volvió a la que vivía, fue entonces cuando vio a una mujer salir de la cabaña. Estaba envuelta en un precioso vestido de blanco con adornos de cristal cayendo desde la diadema que llevaba en el pelo hasta la cola de la vestimenta, no pudo apreciar sus zapatos, por que los llevaba cubiertos. De repente miró el rostro de la mujer, un rostro pálido con unas sonrosadas y graciosas mejillas, unos ojos cubiertos de unas gotas de agua, un pelo sedoso y rubio adornado con la diadema y una pequeña nariz con una cicatriz en su centro. Sally se sobresaltó por la presencia de aquella mujer, pues sabía perfectamente quien era, Neciel, una de las pocas mujeres que había aprendido Taha dora y había sido nombrada como una de las sagradas jóvenes del agua. Estás jóvenes eran un pequeño grupo de mujeres que habían intervenido de forma heroica en las guerras, luchando, asistiendo a los heridos, infiltrándose en los enemigos…Estás jóvenes habían sido elegidas por la diosa madre que residía en la montaña sagrada del centro del mundo, nadie sabía que aspecto tenía, pero no hacía falta ver para creer, pues todo el mundo sabía que las tormentas, las lluvias, los rayos y las mareas eran hechos producidos por la diosa. Las jóvenes eran sus pupilas y entre ellas, la diosa, elegiría a una de ellas para que heredara su legado. Neciel era una de las jóvenes sagradas del agua más admirada y heroica que hubiera, había participado en las tres Guerras que había sucumbido la ciudad de Blas Marine, luchando y atendiendo a los heridos. Se entregó a manos del enemigo en dos ocasiones por salvar varias ciudades, entre ellas su tierra natal, Ginebra. Vicens observó como Sally se había quedado de piedra al ver a Neciel saliendo de aquella cabaña, se acercó a ella y la cogió del brazo delicadamente para que se aproximara a ella.
-Mirad está es Neciel. Supongo que sabrá quien es-Sally asintió como si fuera una marioneta y de pronto sus ojos se encontraron con los de ella, ese azul que parecía agua, se convirtió en dos pequeñas perlas de diamantes mirándola con curiosidad.-Apuntad.
-¿Cómo?-por fin la voz de Sally salió a relucir después de tanto silencio, repitió en su mente la orden de Vicens y así lo hizo, en un pequeño formulario con varios nombres escritos puso en letras torcidas y sudorosas el nombre, Neciel.
-¿Ya lo ha apuntado todo?-preguntó Vicens subiendo al porche de la cabaña y dándole un pequeño beso a Neciel en la mejilla.
-Sí.-respondió rápidamente Sally dejando salir una voz apenas sonora.
-Mirad, ahí hay un caballo-señaló hasta un pequeños árbol muerto al que estaba atado el caballo.-Podéis cogerlo, y cuando ya os encontréis en la ciudad, dejad el caballo. Regresará solo.-Sally cogió el caballo y salió al trote perseguida por la mirada indiscreta de Vicens y Neciel.
-Anhiel todavía no ha regresado-le informó la joven a Taylor mientras pasaban al interior de la cabaña.
-Estaba con Herin.-contestó Vicens preocupado por la información que le proporcionaba Neciel.
-¿Herin Hudson?-preguntó la otra sentándose en una silla que había en un rincón de la cabaña, al lado de una puerta que daba acceso a otra habitación.
-Así es, estaba agarrada a su pelo.
-Hay que ir a ver Bornes.
-¡NO!-gritó fuertemente Vicens golpeando la mesa con el puño.
-Sí Anhiel está con Herin, eso significa que Morgana la está buscando.


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