miércoles, 9 de mayo de 2012
miércoles, 7 de marzo de 2012
Tercer Capitulo de Blas Marine
A la mañana siguiente Herin se despertó sudada y llena de pequeños heridas, había soñado con algo que no recordaba pero sí que le daba mucho miedo y no conseguía recordar el qué. Se puso las botas que había dejado en el porche y corrió hacía la cocina en donde pudo ver dos bocadillos servidos en los platos, y una nota en el cuenco de la inexistente fruta. Llamó a su prima que vino a la cocina como si la hubieran atropellado, se notaba que había dormido mal esa noche. Herin le ofreció el bocadillo que se lo comió sin ganas, pero Emden vio como su prima devoraba el trozo de pan con un poco de mantequilla que había en el centro. Emden cogió la nota y la leyó, de repente se atragantó y su piel pasó a ser morada, como las vallas, no tenía respiración y Herin se dio cuenta de ello, por lo que le ayudó haciéndole una práctica como le habían enseñado en la escuela. Aunque no lo hacía muy bien, siempre apretaba en el centro del pecho, pero daba también golpes a los importantes puntos vitales del cuerpo, situados en específicas zonas. Herin miró la nota de su tía y sintió que ella también se ahogaba.
-¡Menuda tacaña es tú madre! ¡Mira qué hacer la compra con nuestra paga! ¡Ni siquiera llega a los cien chevelines, ni juntos! ¡No hay derecho! ¿No tendrán dinero ellos?
-Herin vamos al mercado y no le demos más vueltas.
-Claro, como tú solo tienes treinta chevelines…-dijo la otra por lo bajo.
-¡Eh! ¿Qué estas insinuando?
-¿Yo? Nada, solo digo que tú tienes menos dinero que yo…
-¿Y qué tiene que ver eso?
-Nada.
-Además solo tengo treinta porque la semana pasada te invité a unos cuantos helados y caramelos en la tienda de Magree.-Herin calló y cerró los ojos para visualizar la situación.
-Solo me diste cinco de los cien que compraste, y en cuantos a helado solo me diste dar una chupada, y al de pistachos, que es el que más odio. Tú eres igual que tú madre, una tacaña. Las dos os parecéis.
-Tonterías tuyas…-de pronto paró de hablar y tosió fuertemente escupiendo sangre por la boca, Emden se poso una mano en el centro del pecho y respiró hondo.-Otra vez le has dado al punto de Ginebra.
-Por lo menos te he salvado de que te ahogarás.
-Herin si no sabes hacer bien una toma de auxilio, no la hagas. A mí solo me has dado en el punto de Ginebra, pero recuerda que a su lado esta el de Giselle, y sí me das ahí me matas.
-Lo siento, oye yo… voy a terminar de vestirme, ¿porqué no sacas agua del pozo mientras?-le comentó Herin mientras corría dispuesta a subir las escaleras.
-Vale, tráeme mi bolsa roja-oyó Herin desde la parte más alta de las escaleras. Se dirigió hacía su habitación y abrió su armario, en donde la ropa de su prima y la suya estaban adornando la parte inferior de él, en las perchas solo se hallaban colgadas algunas prendas de vestir que Herin y Emden habían dejado con el tiempo de ponerse. Cogió una falda negra de tela que solo le llegaba hasta las rodillas, en cuanto a lo que se iba a poner en la parte superior, buscó en el armario, pero en el fondo de este solo halló una camiseta de color blanco que se había puesto para la boda de su tío con Melanie. Se la abrochó y vio que le estaba un poco grande, se dejó los fardones por encima de la falda y el cuello de la camisa se lo arregló. Entre tanto Emden ya había sacado dos cubos de agua y los había guardado en la despensa que había junto a la granja, en donde se hallaban las reservas de comida para un mes solamente. Estaba sentada en la cocina terminándose de arreglar y vendarse la pierna derecha por una herida que se había hecho jugando en la escuela, cuando vio a Herin sentarse junto a ella con las ropas que llevaba, vio como de su mano llevaba colgado el bolso que le había pedido, lo cogió y buscó en su interior una bolsa marrón cerrada con una pequeña cuerda.
-¿Qué es eso?-preguntó Herin siguiendo con la vista el balancear de la bolsa.
-Son mis cincuenta chevelines. ¿Y los tuyos?-Herin movió la cabeza en señal de desesperación por su prima y le enseñó otra bolsa idéntica que llevaba la misma cantidad de dinero que la otra.
-¿Es qué no te piensas cambiar?-preguntó Herin cogiéndole el vestido rosa de la noche anterior.
-¿Para qué? Sí está limpio.-su prima hizo el mismo gesto que antes y se dirigió hacía la puerta trasera que daba acceso a la granja, vio como todo estaba desierto, que esos gorgoritos que hacían las aves habían desaparecido dejando un silencio hasta aterrador. Vio a su prima cerrar la puerta con llave y seguir el sendero por el que todas las mañanas se dirigían hacía la escuela, Herin la siguió, pero dejando un margen de distancia, se sentía débil. De pronto una sensación de agonía se apoderó de ella cuando una mariposa se posó sobre su nariz, sabía que solo hacía falta un simple aleteo de aquella mariposa para que sus ojos desbordaran el mar, pero la mariposa no aleteó, ni siquiera movió una de sus pequeñas patas, solo giró la cabeza y fue entonces cuando Herin vio los ojos muertos de la mariposa, estaban muertos, era de un color grisáceo aguado, ese que se les ve a los ciegos cuando fijan su mirada, sin saberlo, al sol. Herin acercó un dedo de su mano a la mariposa, y está como si no supiera volar se traspasó despacio a su dedo, apoyándose en las pequeñas curvas del dedo índice de Herin. Esta observó más detenidamente y observó que no se trataba de ninguna especie conocida, pues tenía el borde de las alas pintadas de un negro brillante y en las alas más grandes se podía observar dos círculos rojos, que parecían estar bailando. En sus alas inferiores no había nada, solo un blanco apagado, como el que pintaba al de las alas superiores. Herin posó a la mariposa en un mechón de su cabello y esperó a que está se agarrara bien fuerte para seguir corriendo hasta su prima, que se había parado en unos arbustos para recoger algunas flores. Herin aprovechando el descuido de está empezó a correr hacía la plaza central, oyó los gritos de su prima llamándola desde los arbustos y de repente escuchó un leve chapoteó de agua. Eran unos niños que estaban bañándose en la fuente, no había muchos recursos, pero sí agua para poder alegrar tanto a niños como a mayores. Por que Herin vio a los ancianos del centro Perpendicular, que es un centro donde se reúnen los ancianos para pasar ahí sus últimos días de vida, como jugar a un juego llamado el roc, parecido a la petanca y cambiar opiniones; en un estrecho de la fuente tirarse agua entre ellos. Herin se hincó de rodillas y sintió como el suelo le raspaba las rodillas, pues como estaba acostumbrada a llevar pantalones no se acordó de la falda. Metió la mano en el agua, que en ese momento estaba agitada y no pudo verse reflejada en ella, esperó hasta que su imagen se dibujó en el inestable panel junto al retrato en movimiento de su prima. Emden la levantó y la dirigió hacía el puesto de pescado más próximo que había, en él se podía completar como varías camillas estaban llenas de peces de varios días expuestos al sol, Herin se fijó más detenidamente en un atún de cola amarilla, miró a su ojo lleno de sangre y de pronto un pequeño movimiento de este le hizo retroceder varios pasos. Vio a un gusano brotar del ojo como si fuera una serpiente, ese gusano había encontrado un hogar en donde poner sus huevos. Ante esta idea Herin reaccionó rápidamente y se llevó a su prima a otro puesto de cebolletas en donde le explicó lo que había visto. Emden imitó el gesto de su prima agitando la cabeza y volviendo su atención al puesto de cebolletas, Herin, ante el rechazo de la otra fue hacía un puesto de manzanas, en donde lo único que vio fueron manzanas pútridas, como si estuvieran rellenas de caramelo.
-¿No tiene manzanas más saludables que estás?-preguntó Herin viendo como su prima había comprado las cebollas y se dirigía hacía ella exponiendo su vestido impecable a toda la ciudad.
-Claro, ¿cuántas quieres?-preguntó el hombre encargado de la tienda sentando en un taburete al final del puesto, para que el sol del mediodía no entrará en él.
-¿Cuántas queremos?-preguntó Herin observando las manzanas de caramelo podrido.
-De las buenas cinco-Herin miró al encargado para pedirle el precio.
-Son cinco chevelines-les entregó una bolsa con el pedido y recibió el dinero pedido.-No, son cinco por cada manzana.
-¿Por cada manzana?-se asombró Herin calculando el dinero que se tendría que gastar.
-Veinticinco-le respondió Emden dejando caer los veinte restantes a la mano del hombre.- ¿Porqué son tan caras?
-Ya sabéis, la falta de recursos.
Herin vio como su prima seguía la conversación con el encargado, era evidente que no tenía nada que hacer, el negocio iba de capa caída y no era el único, se alejó para seguir paseando por la plaza central cuando un papel azotado por el viento se posó en su cara, dejándola por unos momentos ciega, intentó quitarse el trozo de papel, pero le fue casi imposible, como se había mojado la mano el papel se le pegaba. Aún así consiguió quitárselo y leerlo, pues ya que había ido a parar a su cara y le había dado tantos problemas, qué menos que saber lo que era. Sus ojos leyeron a la velocidad de la luz lo que aquel papel informaba y rápidamente se dirigió hacía su prima para darle la tan inesperada noticia.
-Disculpe señor-se excusó para poder llevarse a Emden a una zona más retirada.-Mira esto.-La otra cogió el papel y lo leyó, pero en ella no hizo el mismo efecto que en Herin.
-¿Vicens busca jóvenes para ir a buscar la solución de nuestra ciudad?-preguntó mirando a los especiales ojos de su prima y viendo en su rostro una sonrisa.-Y tú quieres ir, ¿verdad?
-Pues claro, es mi oportunidad para poder aprender el Taha dora.
-¿Tendrás que pedir permiso a tu padre?
-¡Oye! Mi destino lo elijó yo, no mi padre. Además, ¿no he pasado yo ya la lozanía?
-Hace menos de un día, ¿y ya por eso te crees que puedes hacer lo que se te antoje?
-¡Ey! Yo no he dicho eso.
-¿Cómo qué no? Herin, vas a meterte en problemas.
-Y tú conmigo.
-No.
-Mira, piensa que sí vas con Vicens y conmigo tendrás oportunidad de recorrer pueblos y poder buscar algo mejor que ese idiota de Geppeto.
-¿Quién dice que Vicens te vaya a elegir a ti? ¿No crees que habrá más gente que se presente a esto, no ves que hay papeles volando por la ciudad?
-Mira dice que es en el ayuntamiento todo el día de hoy-le indicó Herin poniendo un dedo sobre el papel.
-No.
-Pues tú no, pero yo si voy.-y diciendo esto Herin salió corriendo perseguida por Emden, que por desgracia iba cargada con la compra y tubo que hacer malabares para que los alimentos no se cayeran en el suelo. Vio a Herin saltar la rampa de la granja de vacas de Jericó, que tenía un carácter muy fuerte y siempre le molestaba que los niños se pararán por los alrededores de su granja para tirar piedras a las vacas, aún así Emden saltó la valla y esquivando a las vacas consiguió llegar al otro extremo en donde vio a Herin descansar de su carrera. Las dos escucharon un disparo y una nube de humo salió de la vieja escopeta de Jericó, las dos muchachas se miraron y salieron corriendo hacía el edificio del ayuntamiento que se encontraba a la vuelta de la esquina, las dos empujaron la puerta de esté y la abrieron con un portazo propinando unos gritos del alcalde. En la sala central no había nadie, pues era normal, en el ayuntamiento solo trabajaban cinco personas, contando con el alcalde. Las dos ya sabían a donde dirigirse, pero de todos modos, Herin prefirió seguir corriendo hacía el despacho del alcalde por la persecutora que llevaba detrás. Subió las escaleras de marfil adornada con una alfombra de terciopelo rojo y dobló la esquina para darse de bruces con la secretaria del alcalde, Sally, que calló al suelo. Herin se levantó rápidamente y sin obedecer las ordenes de la secretaria entró en el despacho de Straford en el que había como media docena de jóvenes esperando a alguien, y por la expresión de sus caras no la esperaban a ella, Herin reconoció que se trataba de personas que habían ido con ella a la escuela, casi todos estaban en el equipo de fútbol de Blas Marine, a excepción de una chica, que estaba sentada en uno de los sitios más lejanos de la escuela, parecía que era una chica pulcra, Herin iba a preguntarle su nombre cuando sintió el peso de su prima caer en su espalda y retenerla por las muñecas y los tobillos. Intentó darse la vuelta pero Emden era demasiado fuerte, sintió como su prima le ataba sus extremidades con unas cuerdas poderosas.
-Pero, ¿qué es lo que pasa aquí?-se oyeron los tradicionales gritos de Straford que acompañado de otro hombre entró en la sala. Echó un vistazo rápido a la sala y vio los aspirantes que habían decidido presentarse a las pruebas, cuando se fijó en un cuerpo casi debajo de él atado con unas cuerdas, y a su lado, a Emden fatigada por la corrida que había echado.
-¿Tú eres una de las que se presentan?-preguntó Vicens, que era él hombre que acompañaba a Straford, a Emden.
-No, es ella-le contestó señalando a su prima con la cabeza. Vicens observó más detenidamente y enseguida se fijó en esos ojos carmesíes que la caracterizaban.
-¿Así que tú eres la hija de Bornes?
Vicens regresó a su casa oculta entre el follaje del bosque perseguido por Sally, la joven iba con desventaja con respecto a Taylor, la muchacha nunca había estado en aquel bosque y se asombraba de la variedad de árboles y plantas que se había perdido por no ir a jugar con sus amigos al bosque. Sin embargo, no estaba ahí para jugar, Vicens ya había elegido quien iría con él, pero todavía faltaba una persona y Sally tenía que tomar nota de ello. Pues cuando los viajeros venían a descansar a la ciudad tenían que informar de su presencia y cuando se iban tenía que notificarlo, igual pasaba a los habitantes de Blas Marine. Llegaron a una pequeña cabaña rodeada de un círculo de árboles que carecía de follaje y tenía las ramas medio roídas.
-¿Porqué está zona del bosque está muerta?-preguntó Sally saltando una pequeña raíz que sobresalía del suelo.
-Por la lluvia ácida causada por las fábricas de Madame Gachí-Sally se paró en seco y visualizó una de aquellas fábricas que había visto de niña, era una enorme casa con dos o tres chimeneas en el tejado, de donde salía un humo rosa causado por lo que había en su interior. Madame Gachí fabricaba a lo largo de un año una media de diez mil pócimas, de las cuales solo unas cien iban destinadas a Blas Marine. Normalmente las pócimas eran pequeños tarros de cristal que no sobrepasaban el largo de un dedo adulto, y algunas servían para hacer crecer la tierra, otras para la escasez de agua en algunos pueblos, otras simplemente para crear algunos fuegos. Straford había iniciado un programa para el crecimiento del suelo en el que se redactaba la compra de estas pócimas, pero su precio en el mercado era carísimo y pronto Blas Marine entró en una gran crisis económica. Sally dejó de recordar aquella época y volvió a la que vivía, fue entonces cuando vio a una mujer salir de la cabaña. Estaba envuelta en un precioso vestido de blanco con adornos de cristal cayendo desde la diadema que llevaba en el pelo hasta la cola de la vestimenta, no pudo apreciar sus zapatos, por que los llevaba cubiertos. De repente miró el rostro de la mujer, un rostro pálido con unas sonrosadas y graciosas mejillas, unos ojos cubiertos de unas gotas de agua, un pelo sedoso y rubio adornado con la diadema y una pequeña nariz con una cicatriz en su centro. Sally se sobresaltó por la presencia de aquella mujer, pues sabía perfectamente quien era, Neciel, una de las pocas mujeres que había aprendido Taha dora y había sido nombrada como una de las sagradas jóvenes del agua. Estás jóvenes eran un pequeño grupo de mujeres que habían intervenido de forma heroica en las guerras, luchando, asistiendo a los heridos, infiltrándose en los enemigos…Estás jóvenes habían sido elegidas por la diosa madre que residía en la montaña sagrada del centro del mundo, nadie sabía que aspecto tenía, pero no hacía falta ver para creer, pues todo el mundo sabía que las tormentas, las lluvias, los rayos y las mareas eran hechos producidos por la diosa. Las jóvenes eran sus pupilas y entre ellas, la diosa, elegiría a una de ellas para que heredara su legado. Neciel era una de las jóvenes sagradas del agua más admirada y heroica que hubiera, había participado en las tres Guerras que había sucumbido la ciudad de Blas Marine, luchando y atendiendo a los heridos. Se entregó a manos del enemigo en dos ocasiones por salvar varias ciudades, entre ellas su tierra natal, Ginebra. Vicens observó como Sally se había quedado de piedra al ver a Neciel saliendo de aquella cabaña, se acercó a ella y la cogió del brazo delicadamente para que se aproximara a ella.
-Mirad está es Neciel. Supongo que sabrá quien es-Sally asintió como si fuera una marioneta y de pronto sus ojos se encontraron con los de ella, ese azul que parecía agua, se convirtió en dos pequeñas perlas de diamantes mirándola con curiosidad.-Apuntad.
-¿Cómo?-por fin la voz de Sally salió a relucir después de tanto silencio, repitió en su mente la orden de Vicens y así lo hizo, en un pequeño formulario con varios nombres escritos puso en letras torcidas y sudorosas el nombre, Neciel.
-¿Ya lo ha apuntado todo?-preguntó Vicens subiendo al porche de la cabaña y dándole un pequeño beso a Neciel en la mejilla.
-Sí.-respondió rápidamente Sally dejando salir una voz apenas sonora.
-Mirad, ahí hay un caballo-señaló hasta un pequeños árbol muerto al que estaba atado el caballo.-Podéis cogerlo, y cuando ya os encontréis en la ciudad, dejad el caballo. Regresará solo.-Sally cogió el caballo y salió al trote perseguida por la mirada indiscreta de Vicens y Neciel.
-Anhiel todavía no ha regresado-le informó la joven a Taylor mientras pasaban al interior de la cabaña.
-Estaba con Herin.-contestó Vicens preocupado por la información que le proporcionaba Neciel.
-¿Herin Hudson?-preguntó la otra sentándose en una silla que había en un rincón de la cabaña, al lado de una puerta que daba acceso a otra habitación.
-Así es, estaba agarrada a su pelo.
-Hay que ir a ver Bornes.
-¡NO!-gritó fuertemente Vicens golpeando la mesa con el puño.
-Sí Anhiel está con Herin, eso significa que Morgana la está buscando.
lunes, 5 de marzo de 2012
Segundo Capitulo Blas Marine
Sally terminó de poner en orden los papeles que Straford había dejado en su mesa esa misma mañana, les puso un clic y entró con cuidado en el despacho de Steven, que para su sorpresa se había quedado dormido en el sillón de terciopelo rojo que adornaba una de las esquinas de la estancia. Sally puso los papeles sobre la mesa llena de pequeños enredos sin importancia, como eran grapas, bolígrafos, cigarrillos a medio fumar. Se dirigió hacía Straford, que en un momento lo puso erguido en el sillón y le dio un pequeño trago de aguardiente que se encontraba en un vaso de cristal a los pies del alcalde. La chica puso su mano bajo la barbilla del hombre para que no se ensuciara su camiseta. En unos momentos Straford abría los ojos para ver la imagen de su secretaria respectivamente encima de él. Se echó la mano a la cabeza y soltó un gruñido que hizo que Sally se retirara de inmediato.
-¿Qué ha pasado?-preguntó Steven apoyándose en sus propias rodillas.
-Te has pasado con el aguardiente. Deberías controlarte.
-Déjame-le dio una palmada en la mano a la chica y tiró la bebida al suelo. Salí se puso de rodillas y con una bayeta comenzó a limpiar el suelo.-Sally, deja eso.
-Eh, sí.
De pronto la puerta se abrió de un golpe dando lugar a un hombre medianamente alto, cubierto de arriba abajo con unas capas marrones. Straford se levantó del sillón y ordenó a la chica que se fuera hacía su mesa para que le trajera los papeles que le había dado. El hombre se quitó las capas y dejó su marcado rostro a la vista de los amarillentos ojos del alcalde, las heridas y cicatrices adornaban su piel morena y sus ojos negros recorrían la habitación en busca del alcalde.
-¿Straford?-preguntó sentándose en el sofá que había en el lado derecho de la habitación, junto a la chimenea encendida.
-Tú eres Vicens, ¿verdad?-se sentó en su sillón y Sally le entregó los papeles.-Taylor Vicens.
-Así es.
-Tenías cita está mañana.
-Creo que lo que le voy a decir no merece la pena pedir cita.-respiró un poco de aire y prosiguió.-Verá que yo no me acercó mucho por la ciudad, aún así voy a comprar materias primas. Y cómo habrá notado, últimamente escasean.
-¿Y qué?
-Sabe perfectamente como yo que estas tierras ya no pueden ser explotadas, carecen de minerales y de vida. Yo salgo a buscar unos minerales específicos para nuestra tierra.
-¿Existen?-preguntó maravillado Straford ante la idea de unos minerales que crearan vida.
-Pues claro. Iría yo solo, pero son muy difíciles de conseguir, y yo ya estoy muy viejo.
-¿Quiere qué envíe a unos niños a recogerlos?
-Claro que no. Solo que me acompañen, hoy se ha celebrado la lozanía, ¿no?-el alcalde asintió preocupado.-Convoque a los que no han elegido camino para mañana mismo.
-Espere, esto tendrá un precio, ¿verdad?
-No.
-¿Cómo qué no?
-No.
Herin entró en su casa, que se encontraba en la parte más llana del campo, donde sus tíos habían puesto en crianza una granja de avestruces, aunque el negocio no iba muy bien. Se quitó las botas y las dejó en el porche para que el olor no entrara en la casa, subió rápidamente las escaleras, seguida de Emden. Recogió de su armario un pequeño vestido de color negro, con una falda de volantes y unos tirantes recogidos al cuello, otro vestido rosa idéntico al negro y se lo pasó a su prima. Las dos se pusieron los vestidos y unas especies de sabinas rojas que Melanie les había tejido para ellas. Emden se recogió el pelo en una bonita coleta de caballo adornada con unos cascabeles de oro, mientras que Herin permanecía con su caballera suelta sin adornos. Miró a su prima, y vio el bonito recogido que se había hecho. De repente Melanie subió a la habitación de las jóvenes y le lanzó una bolsa a cada una. Las muchachas las abrieron y encontraron una caja en la que se podía observar su nombre inscrito; la de Herin estaba como fundida en oro, pero si se rozaba con la yema del dedo, se podía comprobar que era oropimente, era un tipo de mineral llamado "oro de los locos". La de Emden estaba bordada con un azul intenso, la letra e estaba rodeada por pequeñas jades que Melanie había ido coleccionando a lo largo de su vida. Herin abrió su caja y descubrió un precioso colgante con forma de flecha que estaba rodeada por una serpiente con los ojos rojos, el colgante tenía el mismo color qué el que tienen los diamantes. En cambio, Emden no recibió un colgante, sino una preciosa pulsera con cascabeles de plata, algo que Melanie sabía que le encantaba. Herin y Emden abrazaron a la mujer y salieron al comedor para iniciar la cena, con sus respectivas joyas cada una. La mesa estaba en el centro de la habitación, adornada con un mantel de punto verde, una vajilla heredada de la abuela de Herin, unas flores de muérdago y lo que más les gustaba a todos, la comida que Melanie y Tressy habían preparado. Todos se sentaron a la mesa y esperaron la llegada del padre de Herin, que era uno de los hombres más importantes de toda la ciudad, pero el más frío y misterioso que había. Y la gente temía cuando él se acercaba a algún puesto de manzanas, limones o de lo que fuera. Porque le daban miedo su mirada, no roja como la de Herin, pero si marrón, un marrón frío y cortante. Acompañado de los negroazulados cabellos que se posaban sobre ellos.
-La carne está buenísima tito-le halagó Herin pidiendo con el plato que le pusieran más en él, ya habían comenzado a cenar sin esperar al padre de Herin, Bornes.
-Me alegro de que te guste, este año la cosecha ha sido mejor.-rió Tressy por lo bajo aceptando la orden de su queridísima sobrina.
-Sí. Pero según me han contado, el suelo de la ciudad escasea de recursos y no se puede mantener una situación así durante toda la vida.-comentó Emden bebiendo del zumo de moras.
-Bueno, hoy no vamos ha hablar de eso.-gritó Bornes desde la ventana y con una manta en su enmarañado pelo, pues había comenzado a llover sin que los que estuvieran dentro de la casa se enterara. Melanie le dejó entrar y recogió sus ropajes mojados, ofreciéndole unos nuevos. Bornes se sentó junto a su hija y la besó en la mejilla, en lo que la joven le respondió con una mueca de asco. Su padre molesto por el gesto le dio un capón.
-¡Ay! Pero, ¿qué he hecho yo ahora?
-No. ¿Qué es lo qué vais ha hacer a partir de ahora? Pensad que ya no estáis en la escuela, ni en el colegio mayor.-corrigió la madre de Emden sirviendo un plato de sopa caliente a su cuñado.
-Bueno…-vaciló Herin mirando con la rabadilla del ojo a su prima-Veréis es que todavía…
-No lo habéis decidido-gritó Tressy dando un puñetazo a la mesa y haciendo que el muérdago cayera en los platos de las jóvenes.
-Exactamente.-afirmó Emden sonriendo por su respuesta.
-¿Y quién es la rara ahora?-susurró la otra tapándose con la mano.
-¿Pensáis estar toda la vida pensando que vais ha hacer?
-No.
-Muy bien, pues venga soltarlo.
-Bueno, yo quisiera aprender medicina.-comentó Emden jugando con el cuchillo alrededor de su barbilla.
-Pero eso tiene fácil arreglo, pídele ser su aprendiz a Geppeto Terrier.
-¡Ey! Yo he dicho que quiero ser médico, no una curandera.-protestó la joven lanzando un guisante al aire por culpa de un puñetazo. Herin observó como este iba a parar al bote de salsa que tenía su prima frente así y salpicar pequeñas gotas de ella en la cara de Emden.
-¿Y con respecto a ti?-preguntó su padre pasándole un trapo para que se lo pasara a su prima.
-Bueno, yo no sé lo que quiero hacer ahora. Pero sí lo que quiero ser un día.-todos sonrieron y esperando la tan excelente noticia pusieron oídos sordos a los quejidos de Emden.-Ser Nodriza de Blas Marine.
-¡¿QUÉ!?-gritó sorprendido su padre mientras se sostenía la cabeza, porque creía que se le iba a desencajar de su sitio.- ¿Tú sabes qué para eso necesitas aprender Taha dora?
-Si. ¿Y…?
-Nadie de aquí sabe Taha dora-apoyó Tressy a su hermano.
-Excepto Vicens Taylor.-apoyó Emden a su prima.
-Pero ese es un viejo loco.-argumentó Bornes contra el viejo.
-Papá sabes que Henry no aguantara más, ya tiene casi cien años. Y yo quiero sustituirlo.
-Eres muy joven para eso todavía, quizás dentro de unos cuantos años-le sonrió su tía Melanie que se mantenía erguida con los rizos cobrizos cayendo como pequeñas serpientes en su espalda, todavía Herin no se explicaba como Emden había heredado esa cabellera extraordinaria.
-En eso tienes razón, pero yo seré Madrina, ya lo veréis.
-Cambiando de tema, mañana tendréis que ir a comprar en el mercado.-dijo Melanie sirviendo un poco de puré de patatas en el plato de Emden.
-¿Y qué hay que comprar?
-Bueno pues patatas, manzanas…cebollas, y leche, sobre todo leche. Unos seis cartones. Mañana os dejaré el dinero en la encimera de la cocina, Tressy y yo tenemos que ir a llevar a los avestruces al veterinario.
-¿Y tú?-preguntó con despotismo Herin a su padre.
-No te interesa-se despojó de ella con una mano mientras se echaba a la boca un buen trozo de carne.
domingo, 4 de marzo de 2012
Primer Capitulo Blas Marine
Herin se hallaba recostada sobre el puente que atravesaba el río Júcar para que los carruajes pudieran acceder de forma segura y rápida a la ciudad de Blas Marine, que se encontraba en la época de la primavera, cuando la flor de azahar empezaba a emanar ese dulce aroma, los girasoles sonreír al sol y el mar cantar al son de los pájaros; en la época de la lozanía, que así recordaban las personas más antiguas del pueblo, ese proceso por él que debían dejar la ciudad y seguir algún camino, o quedarse en Blas Marine, formalizar una buena familia y cuando tú ya residas en tu vejez, lleves con honor el negocio familiar, ese que tú forjaste con el sudor de tu frente. Era la época de la juventud. Herin reposaba sobre el muro de piedra, con una rama de trigo mordisqueándola cuando divisó a lo lejos los fuegos artificiales que habían estado preparando los oficiales de carga durante todo el año. Había algo que siempre le gustaba hacer a la pequeña muchacha, y era llegar tarde, a lo que fuera, un entierro, una cena, el primer día en que fue al colegio mayor Hudson, era algo característico de ella, y la gente la conocía por eso más que por otra cosa, por su tardez siempre esperada. Recogió la chaqueta de color beige y con un paso vago se dirigió hacía el centro de la ciudad, en donde se hallaba un gran escenario colocado frente a la puerta principal del ayuntamiento, estaba adornado con varias plantas de color rosa y blanco y encima de él, se podía observar lo que era una especie de atril de madera con el libro de la antigua historia de la ciudad, que había sido salvado innumerad de veces por los héroes de Blas Marine. Y subido en esos tablones divisó la indudable imagen del alcalde Steven Straford, bajo, como era normal en todos los hombres que rebosaban la edad de cincuenta años, tenía unas entradas de color rojizo y sus mejillas siempre estaban coloridas y llenas de pequeñas pecas alrededor de esa rojez. En cuanto a sus ojos, eran de un verde aguado, casi adornados con pequeñas gotas de rocío. A su lado se encontraba Geppeto Terrier, el único médico de la ciudad, vestía una especie de capa negra atada al cuello, adornándola a veces con pequeños cristales pulidos a mano. Era un hombre de unos treinta años, que llegó a la ciudad cuando Herin aún no había nacido. Nadie sabía nada de él, su pasado permanece todavía oculto y nadie le preguntaba por él. La voz de Straford, vieja y grave empezó a sonar indicando el comienzo de la ceremonia de la lozanía. La aglomeración de gente que sucumbía la plaza central se calló, en un momento el silencio reinó en todo el ambiente hasta que Straford llamó a todos los jóvenes al escenario. La gente estalló en multitud de aplausos, silbidos y que bien te queda esa toga, enhorabuena muchacho. De pronto Herin oyó su nombre pronunciado por el alcalde, se abrió pasó entre la gente y todos esos ojo se fijaron en ella, azules, negros, marrones…había infinidad de colores que la observaban con detenimiento. Cuando llegó al escenario miró a ese mar de gente y pensó que a lo mejor podía haber evitado eso, que a lo mejor podía haber subido a algún caballo y dejarlos a todos en la estacada, pero ella no era como otros que habían defraudado a sus gentes, ella tenía un destino.
-Hoy es un nuevo día para nosotros-comenzó a decir-Hoy decidiremos nuestro camino, hoy forjaremos en la historia de Blas Marine un nuevo capitulo que se dividirá su vez en otros muchos, uno por cada uno de nuestra vida, y ese capitulo de nuestra vida, en otros tantos. Hoy nos forjaremos como personas y diremos que somos seres dotados de razón, qué es el tesoro más preciado que tenemos. Gracias a la escuela Hudson, que un día mi abuelo, Baptiste Hudson fundó, hemos progresado en medicina, en territorios, en recursos. Gracias a ella, hemos, habéis hecho posible el sueño de muchos héroes, porque vuestros familiares, hijos, parientes, son héroes, son valientes, son lo que son, habitantes de Blas Marine.-cuando terminó de recitar el discurso que había preparado, dio una bocanada de aire y cerró los ojos, fue cuando sus oídos captaron las miles de ovaciones que esperaba oír. Recogió su diploma y bajó del escenario, ahí se encontró con su prima Emden Hudson, que la reconocía enseguida por su parda melena y esos ojos bañados con el agua del océano, porque eran unos ojos destinados a ser navegados por grandiosos barcos.
-¡Emden!-gritó para que la escuchara, pero fue en vano, su prima se encontraba rodeada de varias chicas parloteando como verdaderas gallinas.- ¡EMDEN!-Ahora sí que la reconoció y volvió para ver a Herin esperando fuera del círculo de las gallinas, tomó su toga del suelo y corrió hacía donde estaba ella, vio como no se había puesto la toga, ni siquiera se había arreglado. Su pelo era de un negro intenso, mezclándose a veces con pequeños reflejos lilas cuando el sol se posaba en su cabeza, pero había una cosa que no le gustaba de su prima, ni a ella ni a todo el mundo, era ese color rojo de sus ojos la que la hacía tan especial, tan misteriosa. Era extraño de ver y aún más de explicar, ese rojo no es el que ves cuando te abres una herida en la rodilla o en la palma de la mano, no. Es un rojizo intenso, capaz de confundirse con la sangre teñida de maldad, es como la sangre seca y acumulada en el cuerpo de una persona, sí eso es, como esa sangre. Así es como la veía Emden desde su punto de vista, y seguramente toda la ciudad.
-Ni siquiera te has puesto la toga-comentó Emden poniéndole a su prima delante la prenda de vestir oscura.
-¿Para qué? Un insignificante momento que no quedará recuerdo alguno de él y que no será jamás contado por nadie.
-Mira qué eres rara-la otra le echó el brazo por el hombro y siguieron caminando hasta hallarse en uno de los jardines de la ciudad, en el que había bancos, fuentes llenas de carpas y flores que se habían abierto para la lozanía.
-No soy rara, solo tengo mis propias ideas con respecto al mundo.
-Mira no me voy a meter contigo, pero insisto en que eres rara-Herin la miró un poco dolida y en un momento fugaz la cogió de los brazos y la estampó en el suelo, su prima cogió las muñecas de está y las retorció haciendo que Herin se soltará y quedará vulnerable al inesperado ataque de una cucharada de miel.- ¿No te he dicho yo que eres rara?
-Yo sé quien me tiraría miel solo por reírse a costa mía. ¡DENN!-gritó furiosa mientras corría al árbol más próximo a sacar al responsable del la miel de la oreja.
-¿Porqué has tirado la miel, con lo rica que esta?-preguntó Emden cogiendo con su dedo índice una pequeña porción de miel del pelo de Herin y metiéndoselo en su pequeña boca.
-Siempre os estáis peleando.
-Eso no viene a cuento. ¿La miel?-instó Herin malhumorada.
-Bueno como estos últimos días has estado agria, he pensado en ponerte dulce y que sonrieras, así que como la miel es dulce…-se encogió de hombros para darse media vuelta.
-Denn, a las cosas agrias no hay que ponerles azúcar, sino sal, para que sean saladas-y diciendo esto vertió un tarro de esos cristales salados al cobrizo y sedoso pelo del joven, Herin vio como los cristales habían quedado en la comisura de sus labios y otros en las entradas de sus pequeños ojos verdes, era el verde más claro y bello que jamás había visto Herin, cuando vio a su amigo por primera vez y pensó que esos ojos eran algún tesoro de la familia de Denn. Y aunque parezca mentira, todavía lo sigue pensando.
-¿Llevas un tarrito de sal?-preguntó Emden dejando su toga en el suelo.
-Y uno de mermelada, y azúcar-le contestó enseñándole los dos botes con los condimentos.

